El lugar de la persona en las posiciones de la Dualidad y la Triplicidad

El lugar de la persona en las posiciones de la Dualidad y la Triplicidad


La persona como la partícula del Universo obedece Sus leyes fundamentales: la Dualidad y la Triplicidad. ¡Se le ha encargado a ella la misión fundamental – llegar a ser el organizador, el participante y el personaje principal del proceso mismo vital! Y de otro modo todas las afirmaciones sobre la correspondencia de la persona humana con Dios, imagen y semejanza de Él, son las conversaciones vacías sobre la semejanza y el parecido externo con Dios sin el deseo menor de repetir, en realidad, lo internamente de Él. Solamente gracias a la persona Dios y el Mundo Tenue se conocen a sí mismos, se desarrollan y se perfeccionan. Análogamente, la persona es capaz de conocerse a sí mismo y perfeccionarse gracias a Dios (al Mundo Tenue). Dios, el Mundo Tenue, por un lado, y la Persona, por otro, son dos Polos del proceso mismo vital.

Si interrumpir de cualquier otro modo el enlace de Dios con la Persona, la vida se interrumpirá en su manifestación superior – ¡en la capacidad de tomar conciencia, en la comprensión! Solamente gracias a la intercomunicación reconocida de los Polos de la Existencia: Dios – la Persona, todo lo Existente, la naturaleza se reconocen a sí mismos.

El grado superior de la toma de conciencia es inherente solamente a la Persona y Dios; sin embargo, los elementos de la razón y de la capacidad de tomar conciencia son inherentes a todos los seres vivos, comenzando por las moléculas biológicas y acabando por el reino vegetal y el mundo animal. Y si tener en cuenta que en este Mundo todo es vivo, elementos de la razón hay en todo el mundo material que está revelado en el Campo y en la Sustancia. Precisamente por eso, y hablando más exactamente – gracias a ello, en todo el Mundo hay solamente dos Sus representantes que son capaces de dirigir todos los procesos de la Existencia: Dios y la Persona. Claro, Dios como el Fundador del proceso vital posee la prioridad. Y a la persona, le es necesario aprender “una pizca”.

La persona (como a su tiempo Dios) debe llegar a ser un Individuo – el que puede ser facultado para el control de los procesos de la Existencia. Y el Individuo debe ser privado de cualesquiera alusiones a la idea preconcebida y el subjetivismo. Solamente entonces será posible confiarle el conocimiento y el control de los procesos objetivos. La gente que todavía no ha desarrollado en sí las cualidades del Individuo, no es más significativo para el Universo, que, por ejemplo, el átomo, la célula o el conejo. Aunque en el mundo es costumbre considerar que Dios en cierta medida ama de manera especial a cada persona. Dios ama a todos y a todo como su Creación. Él se cuida de la persona por aquella razón que a pesar de todo, en la profundidad de Su Alma, aun arde una chispa de esperanza que aquélla volverá sobre sí y comenzará a evolucionar, haciendo aquel Individuo que Le es necesario a Él, junto con el cual es posible de una manera organizada apoyar todo el proceso vital.

Partiendo de este destino natural del ser humano es posible concluir que por la naturaleza misma en él están dispuestas las cualidades semejantes a las divinas, y habiéndolas desarrollado, él se hace Dios. Precisamente por eso se dicen que la partícula de Dios está metida en cada uno de nosotros. Es necesario solamente uno – tenemos que querer desarrollar en sí esta partícula, querer hacer el participante (el ayudante, el constructor, pero no el destructor) del proceso vital.



Atrás Contenido Más...

© Alejandro y Tamara Blanco 2007